Cuando hace frío, está nublado y llueve apetece un plato especial, diferente. Seguro que estás pensando en un buen plato de migas de pan, tradicionales en Cartagena. Pero lo que puede parecer ser un plato de lo más sencillo resulta que no era precisamente comida de pobres. En El Paso de los Elefantes hemos indagado un poquito y te traemos la historia de este plato que nos hace la boca agua.

Si algo nos ha enseñado la historia es que la gran mayoría de bocados que nos echamos al paladar son fruto del sucesivo ensayo y error a lo largo de siglos. La causalidad como inspirador vector evolutivo y la casualidad como chispazo puntual que prende la luz revolucionaria e ilumina un nuevo plato. Antes y durante la longeva edad de las migas (pan remojado y recocinado para convertirse en plato principal) hubo también los hormigos, las gachasmigas y las poleás. Todas ellas cocciones directas de harina sin panificar, una cocción necesaria para poder digerir el cereal.

Son los hormigos unos guisos de trigo o tortillas de pan, que el autor Gallego Morell atribuye al origen árabe y que ya son citados en la obra La lozana Andaluza del año 1528 y son por tanto considerados por muchos como un precursor medieval de las actuales migas.

La autora Isabel González Turmo cita en su libro Comida de rico, comida de pobre que considera probable que estas técnicas de cocción del trigo para volverlo comestible sean anteriores a la presencia musulmana.

Las gachamigas, son un derivado de las gachas ya conocidas en el S XV y se preparan con pedazos o ‘cachos’ de pan desmenuzado que se cuecen con agua y sal. Tal y como cuentan los maestros Nestor Luján y Juan Perucho en su obra El libro de la Cocina Española: “Vienen luego las gachamigas manchegas. Las gachas, conocidas ya en el siglo XV o antes, son pedazos o cachos de pan desmenuzado – de ahí su nombre- cocidos con agua y sal. Las gachas manchegas, en la recta antigua, se hacían con papada de cerdo, pimentón, clavo, alcaravea y pimienta. La harina era de almorta. Cuando se hace con harina gruesa de trigo, bien tostado antes de molerlo, se llaman griñones. A veces se comen también, como acompañamiento, uvas moscatel”.

Tal y como nos sucedió con el sorprendente origen aristocrático de la ensaladilla rusa, también las migas tienen un origen palaciego y de alta extracción social. Y en mi opinión es aun más sorprendente en el caso de las migas, icónicamente asociadas a nuestro mundo rural.

Este plato era un gran obsequio para los visitantes distinguidos cuando visitaban palacios y casas de elevada posición. Un regalo muy apreciado en las clases altas musulmanas. O sea, nada de pordioseros rebanando una corteza de pan duro para freírla en algo de aceite oxidado con un ajo para aromatizar.

 

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